Cofre dorado
Se descomponen las horas en cada momento, al presenciar como la existencia gira en su propio eje, moldeando a voluntad la belleza del universo.
Sentí esta belleza, en la taza de café que me alegro la mañana, en el viento, cuando acaricio mi rostro con sus movimientos d seda; sentí la grandeza de la vida en una sonrisa.
La vida se dio cuenta de que apreciaba su existencia, por eso, me obsequio un cofre dorado, donde habitaban pequeñas piezas de perfecto acabado, que se acoplaban una a una, construyendo un nuevo mundo.
En donde la magia de la vida fluía por mis venas, como un torrente inagotable.

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